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Uno de los presidentes municipales de características
especiales, sin duda alguna fue José Obregón.
Primeramente le comió el mandado a Filomenito Loaiza, su contrincante,
quien por haber abandonado con sus representantes la casillas a eso de las cinco
de la tarde, perdió una elección que tenía en la bolsa;
luego ya en el poder, José fue inseparable de Ramón Gil Samaniego
y contrajo una enfermedad de la garganta, que lo puso afónico y el doctor
le recetó unos lavados de un color morado, con agua muy caliente. Recuerdo
que a eso de las once, mandaba al mozo por agua caliente a la cervecería,
luego hacía sus lavados y luego a las 12 ya estaba plantado cerca de
los pipones tomando cerveza helada. ¡Bonito provecho le hacia la medicina!
Nombró chofer a mi compadre Lamberto Mézquita,
y agente confidencial a Enrique P. Celis. Como no había mucha chamba en el Cabildo, estableció
el siguiente horario: de las 8 a las 11, despacho municipal;
a las 11 gárgaras calientes; de las 11
a las 3 de la tarde, cerveza helada en la Cervecería de Sonora,
de las 3 a las 5, tardeada en el comercio de don Luís
Encinas; de las 5 a las 6, café en su casa, esquina
de las calles Garmendia y Chihuahua; de las 6 a las 11,
cerveza en “La Norteña” de Arturo Calderón, por la calle Serdán, donde hoy está Urrutia con su paletería
y de las 11 de la noche en adelante ¡Dios sabía
donde! Mi compadre Lamberto no aguantó y tiró
la toalla, a los seis meses y su primera esposa hizo manda para
que “nos cesaran”. El que esto escribe se agregó a
la orquesta y lo acompañaba en tan singular horario, y así la
pasamos los 365 días de su actuación.
Yo no puedo asegurar a ustedes que si ahora alguien me preguntara que
hice o que firmé en ese año, no podría decirle con sinceridad;
como que fue un sueño grato, gratísimo, ojala volviera…
Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández.
Fuente: El Imparcial.
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