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Hace alrededor de 59 años, que alegra nuestro espíritu el tañer algo seco o ronco de la campana mayor de nuestra Catedral, la que unida a las otras forma un coro de voces que saluta el ambiente capitalino. Pero no es el caso precisar su objeto o destino, sino de dar a conocer a los lectores de este periódico, algunos datos relacionados con su construcción. Para muchos es posible que crean que tal campaña mayor fue traída de lejos o del extranjero, pero no señores, es netamente provinciana o mejor dicho pitiqueña, pues fue fundida por dos veces, nada menos que en El Llano, de este municipio, la primera vez por el año de 1892, y la segunda, exactamente el día 2 de octubre de 1893.
Los preparativos fueron largos y costosos. Inició esta obra el Padre Barceló, entonces Vicario del templo, ayudado eficazmente por el cariño y entusiasmo de la feligresía hermosillense. Es toda de cobre, cuyo metal se adquirió por regalo o donativo de todos los vecinos. De casa en casa fueron comisiones de hombres y mujeres solicitando un trasto o pedazo de cobre, se prepararon tres hornos en El Llano. A saber la gente de estas actividades, domingo a domingo era una romería de curiosos a El Llano, en carruajes, a caballo, en buggis, a pie, etc. Se instalaron vendimias de fruta de horno y refrescos de los buenos, no como los de ahora y todo era paseo y regocijo.
Los fundidores fueron los señores Jesús Luís y Rafael Contreras, abuelos estos de Arnoldo Contreras ya finado y muy conocido en Hermosillo, lo mismo que su demás familia. La primera "vaciada" fue mal calculada y le faltó metal para cerrar la "corona". Todo se echó a perder y tuvo que romperse a mano, con marro y cincel. Para la segunda fundida se consiguió más metal y esta si salió bien. En esta segunda vez, los ricos vecinos don Claudio y Antonio Calderón , se acercaron a los hornos y echaron 8 pesos duros de plata cada uno y según cuentan es la única plata que tiene nuestra querida campana. Fue ayudante de esta fundición mi buen amigo José Ruiz (a) "El Mocho". Pesa 300 arrobas de cobre y el badajo 16 arrobas, según la cuenta de "El Mocho" Ruiz. Al quedar lista para su traslado a Hermosillo, se ocupó un carro con 8 mulas y caminaron tres horas para llegar de El Llano.
Por último, para subirla fue un problema duro y tardó años para llegar a su lugar.
Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández.
Fuente: El Imparcial.
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