|
Siendo presidente Municipal de Hermosillo,
don Florencio Monteverde, por el año de 1879,
hombre culto y de vastos conocimientos en derecho y finanzas, se le informó
de una plaga de tullidos, chuecos, paralíticos y muerte de algunos niños,
éstas muy extrañas, y buscando la causa o causas, el señor
Monteverde, la encontró en la planta conocida vulgarmente por “tullidora”,
que se daba en abundancia en esta región, y para acabar con ese mal,
propuso al cabildo lo siguiente: “por interesar a la salud pública,
y evitar, en lo posible, el que se propague la planta llamada “tullidora”,
la cual se produce espontáneamente y con abundancia en las inmediaciones
del cerro de las campanas, es necesario y urgente poner unos peones que se ocupen
de arrancar de raíz las matas, si no todas, al menos las que estén
a la mano de las gentes, que las hagan montones y las quemen. Estamos viendo
niños y gente adulta, imposibilitadas para moverse y otros que andan
con dificultades y sin fuerzas par levantar pesos por ligeros que sean, y algunos
de tierna edad sucumben por comer con exceso de la frutilla
venenosa de esa planta, matándolos su gusto dulce y agradable.
Parece que ataca el sistema nervioso de una manera enérgica y su curación
es obra de varios años”. Termina su informe el señor Monteverde
con estas palabras: “señores, si no atacamos el mal, ya que lo
sabemos, que será de Hermosillo, sino una plaga de enfermos e inútiles
y yo creo que sería una vergüenza legar a la posteridad, en vez
de hombres útiles, puros enfermos y deformados”.
Tal como lo propuso Monteverde, así se hizo, para el bien de
este pueblo.
Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández.
Fuente: La Opinión.
|