| Datos curiosos de un archivo | |||||
| Por Ramón F. Zamora
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| Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández | Publicado el 25 de Noviembre de 1948 |
| UN DOLOR DE CABEZA DE RAMÓN D. RODRÍGUEZ |
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En el año de 1920, se construía a grandes pasos la Escuela Cruz Gálvez y trabajaban allí muchos albañiles y peones, entre los que destacaba el maestro don Luis Peterson. Ramón D. Rodríguez ni en sueños pensaba figurar en la política local y vendía ladrillo, a las construcciones, inclusive la Cruz Gálvez. Ahí nació su postulación, fundándose el Club García Morales, con salón de sesiones donde estuvo la Cantina del Hotel México, esquina de Juárez y Oaxaca. Fue el contrincante del "Chango" Espinosa, a quien derrotó visiblemente. En la planilla se coló un señor que se hizo llamar Dr. Calderón, tipo raro y estrafalario. Nadie sabe de donde vino, que hacía y como cayó aquí, pero es el caso que el pueblo lo aceptó ingenuamente. Para mediados del año de la actuación de Ramón, dicho regidor que tuvo el número 5, se hizo famoso, primero por haber tenido un fuerte altercado con el entonces Coronel Eduardo C. García y por haber pretendido canalizar la acequia de el Alto, con unas cuantas piedritas que mandó arrimar en la calle Morelia. No paró ahí el famoso Dr. Calderón, sino que a raíz del golpe político contra don Venustiano y tal vez contagiado con el sonorismo imperante, presentó una iniciativa al Ayuntamiento en el sentido de que se creara una "acordada" de dos millones de hombres, para imponer el orden y la paz en la República y que se le nombrara a él jefe de esa fuerza pública, con un sueldo fabuloso y con amplísimas facultades en vidas y haciendas. Me parece verlo todavía erguido, pálido, nervioso, cuando el Dr. Calderón leyó, en plena sesión su proyecto, solicitando al final que el Ayuntamiento lo turnara al Gobierno Federal y de ser posible que fuese una comisión a México, debidamente expensada para lograr su aprobación e implantación. Excuso decirles que el famoso quinto regidor no dejaba ni a sol ni a sombra a Rodríguez para que le diera trámite y Ramón no encontraba donde meterse, hasta que un buen día, la providencia nos salvó, pues se presentó un caso sospechoso de meningitis cerebro espinal, en la calle Garmendia entre Sonora y Yucatán. Aprovechamos el incidente y como Calderón se hacía pasar por médico, Ramón lo comisionó para un estudio y recuerdo que tomó tan a pecho el caso que nos dijo: "Nada más adecuado para esta comisión señor Presidente y como el caso es peligrosísimo y muy contagioso, me sentiría dichoso de morir por la humanidad...". Y con esos hechos el famoso proyecto de la Acordada fue al archivo y ahí está durmiendo hasta hoy. Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández. |