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El famoso Banco de Sonora,
que estuvo donde hoy tiene su local la Alianza Hispanoamericana, famoso por
haber sido un factor, en su tiempo, del desarrollo del comercio y de la industria
de Sonora, también su fama tuvo su lado triste por haber causado la ruina
de más de cuatro, al producirse su inesperada quiebra en el año
de 1928. Desfilaron por su personal grandes figuras de las finanzas, pero el
que llamó más la atención fue don Alejandro
F. Tarín, dueño del Chalet Tarín, del callejón
San Antonio. Este señor tenía la facultad de contar
los pesos y billetes, como si fuera una máquina.
De esto le vino la fama y lo más curioso es que nunca admitía
haberse equivocado, ya sea al recibir o entregar dinero. Era algo así
como un prestidigitador de los centavos, y sus manos eran tan rápidas
que las monedas o los papeles parecían un solo cuerpo, y el cliente quedaba
sorprendido. Tuvo varios líos por reclamaciones y siempre contestaba:
"Yo nunca me equivoco, el dinero está correcto
y puede retirarse". Era tanta la confianza que tenía en si
mismo, que consideraba "una injuria" cualquier
reclamación, ya fuera en su favor o en contra.
Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández.
Fuente: El Imparcial
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