| Desde el Cerro de la Campana | |||||
| Por Fernando A. Galaz.
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| Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández | Publicado el 4 de Septiembre de 1954 |
| REVOLTIJO | ||||
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En el año de 1914, en el lugar donde hoy se encuentra el Hotel Lourdes, se instaló la Gran Carpa Sanabia, en la que por más de dos años, acudió, diariamente la Compañía de Ópera, Opereta, Zarzuela y Drama, de Ricardo de la Vega y, un día de septiembre del mismo año, sintiéndose un Rodolfo Valentino, el hoy magnate de autos de alquiler, Ángel Nájera, se metió de partiquino, extra y utilero, pero su endemoniada figura no le ayudó a escalar los peldaños de la gloria en el arte de la representación. Esta misma compañía, en el año de 1915, con gran bombo anunció el debut del tenorio Mario Hernández Machain, y que cuando lo oyó cantar Don Adolfo de la Huerta, lo hizo su secretario particular. Dos años antes, en 1912, arribó a estos lugares, como representante, contador y taquillero de la Compañía de Opereta, Drama y Zarzuela, “Morlet”, el caballeroso Don José, que por hoy, se enfrasca en guarismos y esas cosas de contabilidad, en las oficinas del joven y animoso hombre de negocios Enrique Rivera Tonella. En esta compañía venía el gran barítono Adolfo Colombres, quien en el Teatro Noriega, en 1914, estrenó la preciosa melodía “Ojos Tapatíos”. Seis años antes, es decir en 1908, se constituyó el Primer Cuerpo de Bomberos, integrado así: Guillermo Negrete “El Bolita”; Carlos Fritzerald, “Chale” y Bernardo Alzús, “El Chanate”; percibían como salario $0.50 (cincuenta centavos) a la semana, que eran pagados por el señor Guillermo Dellanti, administrador del Salón Pathé, que se localizaba frente al Colegio de Sonora, precisamente donde hoy habita la familia Rodríguez. Todo el equipo de los bomberos consistía en 20 baldes de zinc, número 12.
Bomberos de Hermosillo La película que hizo más furor en 1910, en el Cine Pathé, fue “El Grito de Dolores”, mexicana, alternando con la francesa marca Eclair “Mancha Reveladora”. En cambio, en 1911, la más taquillera fue “El Desertor”, marca Bison 101. Exhibida en el Noriega, dos años después, la que batió récord fue “El Nacimiento de una Nación” protagonizada por Lilian Gish, pero en 1916, la que estableció nueva marca fue “Civilización”.
Monumento a Hidalgo, al fondo el techo del Cine Noriega Francisco Enciso “El Largo”; Manuel Castillo “El Caminante” y Alfredo Echeverría “El Mocho”, formaron en 1921 un trío que tenía con el Jesús en la boca a todos los de la calle Mina, pues no dejaban títere con bonete, velación con tamales o bailes con “churumbón”. El modesto, cordial y excelente amigo, Manuel Llanes “El Choro”, conserje del H. Ayuntamiento local, fue en 1918 el mejor short stop que se hubiera visto; que manera de jugar, que pimienta, que colorido sobre todo cuando la orquesta le tocaba “la Norteña”. El hoy casi ingeniero no lo es porque no quiere, ya que el título corre tras él, Aquiles Romero, fue en 1926 modesto mensajero de correos, a la misma grey postal y por esa misma época, perteneció el buen amigo y compañero Filomeno Alfonso Muñoz, quien hoy gasta “su fósforo” articulando claves aéreas y todos esos detalles del Catastro, y el hoy “esquilmador del prójimo” Don Ignacio Inzunsa, se tiraba a fondo con cartas, certificados y bultos postales en la Administración Local de Correos en 1926. Uno de los mejores impulsadores del Béisbol en el Estado de Sonora, el viejo y estimado amigo Ignacio Romero “El Bachicha”, con más de un cuarto de siglo de eficiente servicio al público, en 1916, lucía su gallarda figura en un expendio de carne en el interior del Mercado Municipal, despachando al público retazos y varas de tripas. A propósito de Mercado, el 16 de septiembre de 1910, el General Luis E. Torres o Don Alberto Cubillas, no estoy bien seguro, colocó la primera piedra del Mercado, introduciéndose en un hueco de los cimientos billetes de banco, monedas de oro, de plata y de cobre. Principiaron, desde luego los trabajos bajo la dirección del Ing. Felipe Salido, dándole a los exteriores y al interior, una perspectiva demasiado lisa, sin ningún aditamento ornamental, con lo que daba la impresión de un inmenso galerón, y ya para techarse se hizo cargo de las obras el albañil Manuel Millanes, quien cambió completamente la fisonomía del edificio, proporcionándole, de paso, los relieves arquitectónicos actuales. Primeramente se le dio el nombre de “Mercado Luis E. Torres”, después “Mercado Pascual Orozco” y por último “Mercado José María Pino Suárez”. Fue inaugurado en 1912, y su primer administrador lo fue el extinto señor Juan Esteban Montijo.
Mercado Municipal, fue inaugurado en 1912 Hace veinticinco años, el hoy próspero agricultor y fuerte hombre de negocios Enrique Orozco, era un modesto “proletario” de la Cervecería de Sonora; en junio de 1933, el actual ejecutivo de la Fábrica de Cemento, Jesús Noriega, debutó como taquimecanógrafo en una modesta oficina que tenía en aquel entonces la Federación Obrero Campesina de Hermosillo. Tres años después, o sea en 1936, el siempre inquieto Luis V. Perales “Pluma Blanca”, alternaba con los grandes de Soyopa, como Presidente Municipal. En el año de 1925, Emigdio Oloño, el popular fotógrafo local, que hasta a los sueños retrata, administraba un pequeño negocio de sodería y le dio por la “boxeada”, pero a la segunda pelea tuvo que arrojar los guantes para toda su vida, porque en la segunda vuelta de ese encuentro, su contrario le acomodó en el estómago un golpe con la fuerza de una mulita aparejada, que le hizo arrojar, como relámpago, por la boca, tres enchiladas, que una hora antes había ingerido, poniéndole la cara al árbitro como bandera comunista. Tocaban las campanas, silbaban los pitos de la fábricas… en las calles se oían gritos de entusiasmo… es que se celebraba en la ciudad la llegada de 1933, y en esos mismos instantes pisaba tierra hermosillense un joven forastero… por el momento, una ráfaga de nostalgia oprimió su ser al recordar a los suyos que había dejado en “La Perla Humaya”, pero después reaccionó y tomó los repiques y los silbidos como un buen augurio para su porvenir y ese presentimiento o corazonada se cumplió, pues de aquel entonces a la fecha, Miguel Iribe, el atento y gentil administrador del “Cine Nacional”, que es al que me refiero, la “agüita” hermosillense lo “estancó”.
Cine Nacional en 1938 En 1907, el autor de las bien preparadas “catotas” en almibar, yori muni, era guía del tercer año escolar del Colegio de Sonora; de 1909 a 1911, fue el terror de los chamacos del Puente Colorado, en 1920, pagador del Ejército Nacional y de aquella a la presente época, se me perdió de vista…¿Conoce usted la religión Monolita?... Consulte a Eduardo “Prieto” Lostaunau y le dirá, entre otras muchas cosas, que su máximo pontífice es “El Mono” Fernando M. López… Se acabó el fósforo. Hasta la otra, si Dios quiere. Nota: Las imágenes no aparecen en el artículo original, se insertaron para ilustrar un poco los lugares que se mencionan Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández. |