| Mi viejo Hermosillo | |||||
| Por Claudio Nájera Jr.
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| Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández | Publicado el 25 de Febrero 1954 |
| CÍRCULO HERMOSILLENSE |
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Eueron largos y movidos nuestros años de parranda. Con el pie en la barra de la cantina, pasamos muchos días entregados a Baco. Otros se cansaban y nosotros seguíamos y entonces era natural que tuviéramos que tener por compañeros de juerga a miembros de sucesivas generaciones. Lo mismo nos aconteció con los cantineros, repasamos muchos. Ojala que no hubiéramos perdido esos años, pero ahora su recuerdo nos divierte. El Círculo Hermosillense, fue durante mucho tiempo nuestro principal centro de operaciones, es especial cuando estuvo instalado en la casa contigua a la que habitaba don Manuel Y. Loaiza, en la calle Comonfort, siendo derrumbadas ambas al construirse el Boulevard Centenario. Tenía dos entradas. la principal por la calle mencionada y la otra por la calle Allende, frente a la zapatería de Luís García, "El Pluma Blanca". En un segundo piso, en la parte posterior, se celebraban las grandes encerronas y los banquetes de trueno. Ahí le dimos despedidas de soltero, memorables por la fenomenal y general parranda, al doctor Domingo Olivares y a René Loaiza y su despedida de Hermosillo a Luís Cambustón, ahora banquero en Ciudad Obregón. Cuando la fiesta al doctor Olivares, don Felipe Seldner, ya finado, se alcanzó la puntada de llenar una tina con todos los licores que había en la contra barra y había que ver los efectos de ese coctel a la media hora. No quedó mueble bueno. Algunos bajaron la escalera escalón por escalón, sentados. En la despedida de René, habló el licenciado Navarrete, don Rafael, también ya ido del mundo de los vivos, y pronunció por enésima vez su famoso discurso que empezaba "el matrimonio es una nave, que va por el proceloso mar de la vida..." Era un hombre muy agradable y buen amigo, un caballero a carta cabal. En el banquete a Cambustón, Alfonso Almada, que ya tenía las copas en la cabeza, pronunció el discurso de ofrecimiento y le deseó a Luís que tuviera éxito en la agricultura, a la que pensaba dedicarse en el Yaqui, cosechando "el uno porciento". Fue el motivo de risa de toda la noche. Las mesas de billar del Círculo, en veces eran para jugar pool o carambola, pero en más numerosas ocasiones, servían para acostar a los borrachos. Ahí pasaron muchas monas "El Pelón" Bravo, que fuera diputado; don Jorge, que ahora se dedica al vulgar comercio en Nogales, abandonado de las musas poéticas. Ahí durmió muchas veces el doctor Platt, que sólo era médico de crudas y también "El Goyito" Campillo, aquel famoso "Goyito" que supo vivir en Hermosillo sin trabajar y que cuando tuvo forzosamente que hacerlo, mejor se fue a trabajar a otra parte, que sufrir la vergüenza de hacerlo donde tenía tan sólido prestigio de holgazán simpático. Yo comí de los sabrosos condimentos de Pierre, un viejo gruñón, que sirvió muchas veces al famoso pagador Traslaviña, aquel que se limpiaba las puntas de los dedos con billetes de veinte dólares, que arrojaba al suelo displicentemente. Luego fue cantinero del Círculo don Enrique Villa, buen viejo, gordo, tomador y medio corrientón para un centro de esa categoría. Más tarde contrataron la cantina Ruibal y Astiazarán, firma que formaban Nicasio y don Roberto y que comerciaba en licores, pusieron al frente a Gaspar Massot, enamorado, borracho, jugador y tracamandangas; un Juan Charrasqueado sin valor. Aquello tronó ruidosamente. Pero como nos invitaba copas. Y merece capítulo aparte el más pintoresco cantinero del Círculo, don Cristófilo Padilla y Reyes. Un tipo con toda la barba. Imposible que durara. O se acababa la cantina o se acababa él. Después fue administrador del Timbre en Ures y, lógicamente, le salieron las cuentas mochas y fue a dar a la cárcel con sus huesos. Por condescendencia de las autoridades salía en las noches a visitar a un amorcito que por allí tenía. Pero un día se encontró con el nido ocupado, por otro gavilán, él mismo lo contaba y tristemente respondía al preguntársele que había hecho: "Cristófilo Padilla y Reyes, se internó en la noche, arrastrando los cuernos por la calle" Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández. |