| Mi viejo Hermosillo | |||||
| Por Claudio Nájera Jr.
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| Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández | Publicado el 7 de Julio de 1954 |
| ESTOS COBRADORES DE AHORA |
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Estos cobradores de ahora, encaramados en una bicicleta cada uno, carecen de estilo y personalidad, obran mecánicamente. Ni saluda, solo estiran el documento por cobrar y se les pague o no salen indiferentes, ajenos al resultado de la cobranza. Pero en cambio aquellos gestores de antes, tenían su método especial de cobrar, sus características propias, sus comentarios alusivos. Entre paréntesis, la bicicleta que era antes un artefacto de deporte o diversión, se ha convertido ahora en un objeto despreciado y mortificante. Hay quienes ven venir una bicicleta y se echan a temblar, les tienen más miedo que a los automóviles manejados por borrachos. Pero se aguantan el miedo y siguen si pagar las cuentas. Cuestión de hábitos... y dinero. Aquellos cobradores de antes, eran pocos pero de mucha calidad. Don Jesusito Abril, cobraba las cuentas de la Cámara de Comercio, caminaba muy despacio, inquiría por el sujeto de cobro, saludaba quitándose el sombrero parsimoniosamente, casi siempre de mano, comentaba el clima y si era posible se enredaba en una comparación de las costumbres antiguas y modernas. Cuando él estimaba que su interlocutor estaba en suerte, le informaba que traía su recibito de la Cámara. Aquella cobranza tan tibia y cortés no sugería la necesidad de pagar, era una leve invitación y la gestión fracasaba. Don Jesusito, se despedía con el mismo cariño e informaba que dentro de unos días haría lo posible por darse otra vueltecita... Efectivamente, una semana después se repetía la misma escena y el mismo resultado. El clip ya no dominaba el altero de recibos pendientes. "El Curro" Molina, era el cobrador de entonces más agresivo. Cobraba las cuentas del Círculo Social Hermosillense y de las Novedades. Tenía bromas con todo el mundo, la cobranza empezaba con la presentación de la cuenta y un fruncimiento de cejas del "Curro". Objeciones del cobrado y rezongos del cobrador. Explicaba este último la antigüedad de la cuenta y las amenazas de la gerencia del Círculo de no dejar entrar al interfecto a los bailes. Este argüía que era accionista y el "Curro" sacaba otros argumentos. Subía el tono de los personajes de la cobranza y se calentaba el ambiente... Por fin terminaba con recordaciones maternales de ambas partes y "El Curro" se retiraba estrujando los recibos. El domingo era su venganza, llegaba a la puerta del Círculo su deudor y ahí se atoraba... Nuevas gestiones, nuevo forcejeo verbal y capitulaba "El Curro" ante la necesidad de dejar entrar a aquel caballero a quien le estaban bailando la novia adentro o que abonaba un recibo de unos catorce o quince que debían. "El Merodeo" dejó la talabartería por la cobranza. Creo que puede abonarse el mérito de haber sido el primer cobrador en bicicleta. Era un cobrador manso y desaprensivo. Si le pagaban bueno, si no, le daba igual. Pero eso sí, se daba maña para hacer amigos y recibir gratificaciones y propinas, aunque la cuenta siguiera viva y coleando. "El Ciego Antúnez" era el cobrador del agua, que en aquellas fechas dependía del Ayuntamiento. Era un buen hombre, delgado y alto, más miope que el arquitecto Ortega. Usaba unos gruesísimos anteojos, a través de los cuales no se le distinguían los ojos. No hablaba, ni por paga, llegaba presentaba el recibo, recibía el dinero o la disculpa y vámonos. Entonces cada habitante de Hermosillo debía sus seis meses por lo menos. Era un deshonor deber menos. Antúnez también usaba bicicleta y siempre traía ese anillo metálico para recogerse el pantalón, para que no se enrede en la cadena. Era tanta su manía de usar ese pequeño cinturón, que dicen se lo ponía en las pijamas cuando se acostaba. Otro cobrador famoso, era "Pancho" Monroy, al servicio de la planta de luz. Ese si era un cobrador con toda la barba, pero siempre cobraba un recibo de cada seis. Andaba en un "vogui" viejo y destartalado, con un caballo que se sabía de memoria los lugares de cobrar. Por supuesto que cuanto más mala paga el usuario, el caballo conocía mejor su casa. "Pancho", gordo y enfermo se apeaba con muchos trabajos del "vogui" y presentaba el manojo de recibos. Casi siempre, los tratos eran con la señora de la casa y el lío era de pronóstico reservado. Salía "Pancho" refunfuñando y a la señora le quedaba la impresión de haber sido atropellada en sus más sagrados derechos... no faltaba más que la fueran a regañar, porque debía unos cuantos meses de luz. Otro paréntesis, en aquellas épocas deber la luz y el agua era casi un hábito común. A nadie se le antojaba feo o malo. Y lo que son las cosas, eran entonces mejores aquellos servicios, que en la actualidad. La primera bolsa de cuero para portar los documentos a cobrar, la usó Alberto Velasco. Era este un hombre de media estatura, grueso, muy trigueño. De edad indefinida, podían achacársele cuarenta o sesenta años. Caminaba rápido y braceando ampliamente. Era contundente y exuberante en el hablar. Fue una persona de gran rectitud y respetuoso de sus semejantes y de las categorías. Siempre se manifestó enemigo de las "bolchevicadas" como él decía, Cobró durante muchos años las cuentas de la Maderería Escalante y en sus tiempos mozos había sido cantinero y conocía las historias públicas y privadas de todos los señores de antes, a quienes vio y trató en la cantina de copete que tuvo Moraga, entiendo que en la esquina de las calles actuales Dr. Paliza y Ocampo, donde vivió muchos años, últimamente, Hohn Harry Hoeffer Irons. Su lado flaco era un incidente que tuvo con don José María Paredes; al hablar de él soltaba todo su léxico prohibido. No había por aquellos tiempos otra cosa que cobrar, los comercios eran de chinos y estos, gente de gran cultura y profunda modestia, no cobraban las cuentas, esperaban pacientemente que el deudor cumpliera con sus obligaciones en forma espontánea, como lo aconseja, repetidamente, Confucio. Ahora se han multiplicado los negocios y se han multiplicado los cobradores. Cada bicicleta que usted vea es un cobrador, para mayor identificación vea si bajo su brazo, lleva una cartera de piel, sudada y repleta. Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández. |