| Una plaga de Aboneros Invade a Hermosillo |
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| Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández | Publicado el 13 de Febrero de 1942 |
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Docenas de individuos, pagados a comisión, van de casa en casa, vendiendo en abonos facilísimos; pero a precios exorbitantes. El comercio serio y establecido empieza a sentir los efectos de esa competencia considerada siempre desleal. Una ola de aboneros asola la ciudad, desde hace unos meses a esta parte, operando en contra de los habitantes y en contra del comercio establecido. Son individuos venidos del interior de la República y de allá traen también las mercaderías que venden, en abonos facilísimos; pero en precios exorbitantes, decenas de esos individuos hemos visto, con sus artículos a cuestas, caminar calles y más calles, visitando casa por casa, especialmente las de las orillas de la población, donde radican nuestra gentes que no conocen la calidad de las cosas y el precio exacto de ellas. Hay en la actualidad cuatro centros o casas principales, de las cuales salen esos aboneros a vender, recibiendo una comisión por lo realizado. En esas casas tienen unas pocas de mercaderías los propietarios, para en caso de ser visitados por los inspectores fiscales; pero en sus domicilios o en residencias de parientes o amigos tienen grandes cargamentos de mercancías; las casas comerciales serias y establecidas de acuerdo con las leyes, que venden ropa y bonetería, se están quedando solas. Seguramente ya sus propietarios han notado el creciente descenso en las ventas. Pronto comenzarán los reajustes de empleados, la disminución de las contribuciones, la reducción de la capacidad de cooperación del comercio, etc. El perjuicio, será general. Ya sabemos lo afecto que nuestros CONVECINOS, son a comprar en abonos. El crédito nos atrae inconscientemente, somos como chiquillos ante la golosina. Una camisola, que en cualquier tienda de Hermosillo vale tres pesos, es vendida por esos aboneros en seis u ocho; pero en veinte abonos de a tostón. Nuestras gentes no necesitan de ese sistema de ventas y lo prueba el hecho de que a pesar de su reciente establecimiento, desde antes tenían los hermosillenses, de todas las clases, fama de estar bien vestidos. Si no se ataja el mal, pronto lo resentirán los impuestos fiscales, los comerciantes, sus empleados, las obras que se sostienen con la cooperación de las negociaciones, etc. EL IMPARCIAL da esta alerta, e invita a las autoridades a poner el remedio a los comerciantes a defenderse Fuente: El Imparcial |