| Don Agustín A. Zamora En la Historia de las Letras de Sonora Catalina Acosta de Bernal |
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| Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández | 23 de Enero de 1963 |
| CON AMABLE DEDICATORIA A DOÑA ERNESTINA VDA. DE ZAMORA | |
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En los grandes escenarios de la fama cobran sitio las figuras egregias del pensamiento y la obra. Por paradoja, en las capitales de rango se alzan hasta la bóveda celeste las torres gallardas de los templos del hombre levantadas por encima de la idea que movió a la perenidad de la verdad, la belleza y la justicia, el triángulo sobre el cual se fincan las esperanzas de la humanidad. Sobre el tantas veces enjuiciado materialismo de ahora, se alza, así mismo, la voz en alabanzas al mérito de hombres que, con la péñola han dado ejemplo de amor desinteresado, gran sentido cívico y ahincado patriotismo. Ahora es digna pausa de reconocimiento y respeto a quien ya en el descanso eterno, Don Agustín A. Zamora nos dejó el legado de su estro, en la inspiración de su obra literaria: "La Cohetera Mi Barrio". Hacer la glosa de justos méritos personales tiene la virtud de prodigar satisfacción íntima. Un saludable respiro cuando priva la sinceridad y se expresa libre de especulaciones materiales que obscurecen y confunden el verdadero espíritu. Sin embargo de esta aclaración pudiera ser objeto de opinión adversa la estimación que trató de hacer el escritor sonorense por ser que viene de mi modestísima pluma. Zamora fue un escritor con gran capacidad de expresión, con alto sentido del humor y de la vida en su relación humana. Su prosa movida, encarna a los personajes en un realismo puro. Sus paisajes hablan con la emoción gráfica que llega al corazón. Fue un pinturero de bella acuarela, de mágicos tonos en la proyección exacta de su pensamiento, en la trama desparpajada de sus relatos pintorescos, llenos de gracia y alegría de contenido y ejemplo. Ir de un capítulo a otro hace el efecto de las visitas imprevistas a sitios que amamos y que viven en el recuerdo. En dondequiera está el vocablo que mueve a risa, una lisonja atrevida, una palabra fuerte acaso, pero dicha con la oportunidad inteligente con que el buen catador sabe lo que dice. Con una ingenuidad picaresca da lustre a lo sencillo y hace del relato llano, sin rebuscamiento de retórica, tal vez, sin atavíos de la florida literatura, una obra que no alcanza el clasicismo perfecto, no baja del límite de la típica costumbrista que tanto gusta al pueblo. "La Cohetera Mi Barrio" va a lo largo de sus páginas roturando la vida de Hermosillo y sus gentes en torno a aquellos tiempos de los bailes con linternas, en patios abiertos regados a jícara; de las tertulias amenizadas con vihuelas, y sabrosos obsequios de chocolate y biscochos cuando las viejas contaban cuentos de brujas a los niños; cuando el amor se prendía en un beso furtivo bajo el farol, en tanto los chicos de la pandilla se rajaban las crismas a pedrada limpia. Zamora supo decir estas cosas con la sal del que nace para eso, sin mistificación ni demagogia, con autoridad de cronista que vivió aquellos días. En la descripción logra aciertos admirables en la más pura realidad, amén de chuscas imaginarias de su propio coleto. Su literatura pese a su estilo propio, resulta con todo, de natural encanto, llena de agudeza y refinamiento. El escritor del barrio "La Cohetera" se fue cuando apenas sabía del triunfo, cuando su nombre lo anunciaban los rotativos como ganador en el Concurso del Libro Sonorense. El Gobierno del Lic. Luis Encinas, caracterizado no solo por el progreso material del Estado, sino por cuanto atañe a la cultura, concediendo atenciones en todos los órdenes de su programa para dar a Sonora un lugar preeminente en el país, está concediendo honores a la memoria de ilustres desaparecidos, perpetuando sus nombres en calles, plazas, centros educativos, como justo homenaje a sus méritos. En esta vez sean los merecimientos de Don Agustín A. Zamora, preclaro sonorense, distinguido hombre de letras y gran caballero para que, en el barrio donde las Musas le inspiraron la obra literaria que canta leyendas de su provincia, sea perpetuado su nombre con una placa que recuerde al pinturero de tan bella acuarela. El gobernante que otorga bonos al ciudadano distinguido en el ejercicio del bien común, recibe a su vez el lauro de la Patria.
Don Agustín A. Zamora (1899 - 1945): Autor de "La Cohetera Mi Barrio" Fuente: El Imparcial |