| El Árbol de Navidad en Sonora |
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| Eliseo Ramírez Álvarez | Domingo 19 de Diciembre de 1982 |
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Durante muchos años las ramas de palo fierro, San Juanico y tallo de choya fueron los árboles de navidad en Sonora. Sajón y protestante, el árbol de navidad y se ha incorporado a nuestras costumbres navideñas, a través de los Estados Unidos de Norteamérica. No llevó mucho tiempo su implantación definitiva, proporcionalmente progresiva a la influencia norteamericana, mediante la mayor comunicación y el incremento del comercio, y acabó convirtiéndose en mercancía esnobista, atractiva y práctica, la prensa, la radio y la televisión hicieron su parte. Entre nosotros, el árbol de navidad fue traído “del otro lado”, por familias hermosillenses, antes de que los comerciantes le expendieran al público. Fueron éstos los comerciantes sucesores de los chinos, expulsados de sonora y baja california norte en los años treinta. En nuestros días, inclusive los reacios Seris, usan el árbol de navidad, preparados mentalmente por la presencia entre ellos, de muchos años atrás de antropólogos, lingüistas, etc. Norteamericanos, de religión protestante, comerciantes, actuales, ahora venden árboles de navidad en el desemboque y punta chueca, casi como venderlos en establecimientos comerciales de tierra adentro. En Hermosillo, el árbol de navidad ha suplido, casi al tradicional nacimiento, de inspiración latina y católica, que en México arraigó y adquirió mexicana personalidad, completada con las famosas “posadas” . Y los pueblos antiguos de Sonora con más comunicación con el Sonora moderno y los Estados Unidos de Norteamérica, han adoptado, también, el árbol de navidad. No es la ocasión de clamar “por lo nuestro” y cerrarnos a la evidencia; en todas partes y siempre, el rico y el poderoso imponen lo suyo, sin necesidad de violencia ni compulsión: el pobre y el humilde adoptan, por regla general, las cosas de quienes juzgan superiores, salvo excepciones de orgullo patrio y convivencia de poseer cosas mejores. En el mundo de lo temporal, el espíritu flaquea y suele suceder lo contrario de lo que proclama el dicho evangélico: “…el espíritu está pronto, pero la carne es débil”. Tampoco hay que hacer tragedia de estas cosas, dado que, al final de cuentas, el árbol de navidad no viene a ser si no representación de Cristo y por él de la divinidad. El admirable sabio indio mexicano don Ignacio Altamirano, dice del árbol de navidad alemán y protestante: “...tiene un objeto profundamente moral y útil cual es: premiar (y) estimular a los niños y hacerles concebir amor al trabajo y a la virtud, y adversión a la ociosidad y al orgullo, por medio de las recompensas o del desdén con que un genio amigo premia o castiga, según los méritos de cada uno”. Y comenta el ilustre indígena en su libro “pasajes y leyendas” “de modo que hasta la superstición infantil produce ahí buenos efectos y ejerce una influencia provechosa en las costumbres”. Y el tradicional pino ruso que otra cosa puede representar si no la divinidad y a Cristo, en la ceremonia hogareña de navidad que se hace a la luz luminosa de antorchas, en contraste con la obscuridad de la falta de libertad religiosa y la obstinada campaña de las autoridades comunistas. El árbol de navidad, al árbol verde y erecto del renacimiento puede muy bien ser sucesor de “la corteza” y “el leño de navidad” con relación a los cuales, el francés De Plancy, dejó escrito: “si consultamos nuestros recuerdos históricos y nos referimos a la media, vemos que la víspera de este gran día, desde la madrugada, el señor del lugar y sus vasallos, después de haberse adornado con sus vestidos de fiesta, precedidos de los “oboes del adviento”, se dirigían en gran comitiva al parque de “las infracciones sobre bosques” (coul pesforestiéres). Ahí el preboste y el senescal (mayordomo), después de haber hecho la señal de la cruz y repetido tres veces en voz alta inteligible: “pax sit intervos” (que la paz reine entre vosotros), hacían salir, entregándolos a sus dueños, a los bueyes y a los borricos, por que estos animales eran muy venerados durante estos días. A causa de que el buey y el asno estuvieron en el pesebre de Belén”, en el nacimiento de Cristo. El grupo se dirigía, después, a la iglesia donde un sacerdote bendecía los hachones que se inflamaban en la lámpara de la virgen, con los cuales se encendía “el nuevo leño” era siempre el más grueso que se encontraba; era la parte más fuerte del tronco del árbol el mismo tronco; se llamaba a esto “ la corteza de navidad”, se le encendía y los chiquitos iban a rezar en un rincón del cuarto, con el rostro vuelto contra la pared, a fin, se decía de que “la corteza” les hiciese regalos, y mientras que rogaban al niño Jesús, que les diese juicio, se colocaban en el extremo del leño paquetes de frutas confitadas, nueces y golosinas”. Todo mundo se iba a misa a la media noche y volvemos a dejarle la voz al Dr. Plancy: “antes y después de la misa, todos los asistentes cantaban villancicos y luego volvían al hogar a calentarse en derredor del leño y a refrigerarse con una alegre cena”. Digamos, para terminar, que desde que se impuso el “arbol de navidad” entre nosotros, habemos quienes saliendo y propugnando por lo nuestro, por lo sonorense, utilizamos como tales ramas de palofierro sólo para esforzados y valientes, por sus fieras espinas o de san juanico y tallos descarnados de choya. ¡Y hay que ver el partido que se les puede sacar a estos árboles y otras plantas sonorenses!.
Fuente: Suplemento Dominical de “EL IMPARCIAL” |