| La Escuela Leona Vicario MTRO. RICARDO ARAGÓN P. |
|||||
|
|
|||||
| Pagina principal | Descargas | Libro de visitas | Ver libro |
| Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández | Publicado el 15 de Abril de 2002 |
| "SI GRANDE ES EDUCAR AL HOMBRE, MÁS GRANDE AÚN ES EDUCAR A LA MUJER" | |
|
El Colegio de Niñas “Leona Vicario”, como se conocía inicialmente, fue uno de los establecimientos educativos más importantes de su género que se fundó en Hermosillo durante el Gobierno Constitucional del General Luis Emeterio Torres, último gobernante porfirista que ocupó el cargo por mandato institucional Al principio, el Colegio ofrecía sus servicios educativos exclusivamente a las niñas de esta ciudad capital y estaba sujeto a un plan de estudios que ofrecía desde niveles de enseñanza primaria, elemental y superior; además, brindaba un curso infantil para párvulos y dos años de normal para profesoras. El primer nivel correspondía a la educación obligatoria y tenía una duración de cuatro años escolares. El segundo nivel se desarrollaba en dos años escolares (quinto y sexto) y tenía una doble función: preparar para los oficios (profesora de primeras letras, auxiliar contable, etc.) o para continuar los estudios mayores de secundaria o normal. Desde su fundación recibió un trato preferencial y disfrutó del patrocinio del Gobierno del Estado, cuyos beneficios se reflejaron no solo en el suministro de bienes escolares (edificio, mobiliario, útiles y libros de texto), sino también en la dotación de profesores competentes y en el pago oportuno de la planta docente y demás empleados en servicio, lo que en conjunto garantizaba una marcha exitosa en las áreas cotidianas del establecimiento. Como resultado del trato preferencial, el Colegio de Niñas “Leona Vicario” ocupó, como ningún otro plantel de su género, un edificio moderno que reunía todas las condiciones necesarias para su objeto: amplitud, comodidad, ventilación, iluminación e higiene. Dicho edificio se mandó construir a fines de 1909, por órdenes del supremo Gobierno del Estado, presidido interinamente por Alberto Cubillas Loustaunau, y fue terminado a principios de 1910, año que se festejó el Primer Centenario de la Independencia. El proyecto y la obra fueron confiados a un prestigiado ingeniero y también ameritado educador alamense, don Felipe Salido, y tuvo un costo de $57,121.05 pesos, cifra que cubrió íntegramente la Tesorería General del Estado, además de los $12,500.00 pesos que costó el terreno donde se erigió el “hermoso templo de la enseñanza”. Arreglado majestuosamente el llamado templo del saber, la tarde del 5 de febrero de 1910, justo cuando la Nación celebraba el 53 aniversario de la Constitución de 1857, abrió sus puertas para recibir a más de 400 niñas que acudieron “en parvadas” a recibir la luz de la ciencia y el arte, ávidas de “apagar su sed de sabiduría”. Previamente, se había reunido una concurrencia “numerosa y heterogénea” para atestiguar la inauguración del flamante edificio que ocuparía el Colegio de Niñas “Leona Vicario”. El acto inaugural estuvo presidido por un selecto grupo de personas públicas, representantes de los tres poderes, de las fuerzas castrenses y del magisterio. Algunos fueron oradores oficiales, cuyos discursos exaltaron la educación de la mujer, como el profesor Heriberto Aja que auguró con voz convincente: “De este templo, donde se reúnen esos ángeles a escanciar la benéfica copa del adelanto humano, saldrá la mujer modelo, pregonando el brillante porvenir de nuestra patria”. Otro orador, el erudito don Manuel Quevedo, encomió la apertura del nuevo edificio escolar y aseguró que de allí saldría “la mujer iluminada por la ciencia y ataviada por el arte”. Enseguida, la profesora Trinidad Bonilla pronunció un vibrante discurso, “rico en patriotismo” y engalanado “con primorosas figuras poéticas”, que “llenó de santa conmoción todas las almas”. Según las crónicas de la época, cada orador fue interrumpido varias veces, por estrepitosos aplausos que se redoblaban al término de su intervención. Además de los discursos, hubo piezas musicales, representaciones teatrales, bailes, coros y recitaciones infantiles, destacando la niña Ernestina Caro que recitó con exquisito sentimiento una inspirada composición poética, arrancando al auditorio nutridos aplausos. Luego vino a coronar el evento el Gobernador en turno, don Alberto Cubillas, que “con significativas y sencillas frases de aliento para el progreso intelectual de la mujer”, declaró solemnemente inaugurado el plantel escolar. Un clarín llamó la atención de la concurrencia y, sin pérdida de tiempo, la “Banda del Estado” ejecutó las majestuosas notas de nuestro hermoso Himno Nacional, dándole un mayor realce a la grandiosa solemnidad. Por último, el Gral. Luis Emeterio Torres abordó la tribuna inesperadamente e improvisó un discurso sobre la importancia de la educación de la mujer y del lugar distinguido que debía ocupar en la sociedad, aseverando incluso “que en Sonora, las mujeres son más inteligentes que los hombres”. Antes de concluir el discurso, se dirigió a las profesoras y alumnas del Colegio “Leona Vicario”: “Aquí tenéis este edificio que el gobierno os ha mandado construir, es vuestro; en este palacio no habrá más reinas que vosotras; él será el Templo a donde acudiréis presurosas a nutrir de luz vuestros cerebros, de virtud vuestros corazones, para asegurar así vuestro porvenir y la felicidad de vuestros hogares”. Luego se encendió una soberbia diadema de luces que coronaba el nuevo templo del saber, donde oficiarían “sus abnegados apóstoles, consagrando su juventud, su inteligencia, su vida entera a embellecer los tiernos espíritus de nuestras hijas”, iluminándolos con la luz imperecedera del saber.
Colegio de Niñas “Leona Vicario”
Fuente: "Enlace" |