Las momias de Yécora
HERMOSILLO, SONORA

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Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández Publicado el 13 de Mayo de 1959

ENCONTRARON 30 MOMIAS EN SAHUARIPA; EN LA SIERRA DE YÉCORA FUE
HECHO EL HALLAZGO, TRAEN UNA A ESTA CAPITAL”

Así destacó a 8 columnas “El Imparcial”, el miércoles 13 de mayo de 1959, un suceso que provocó la inquietud de los sonorenses principalmente, y propició que durante más de un mes se le dedicara espacio en la prensa, no solo de nuestro Estado, sino aun en periódicos de diferentes ciudades de la República, como el Distrito Federal y hasta de la Unión Americana.

La región de Sahuaripa empezó a ser visitada por los habitantes de aquellos lares, que se trasladaban hasta la cueva donde se localizó una especie de cementerio, que desde 1942, un indio descendiente de la tribu Pima, y a quien se identificó como Teófilo Jaime, había descubierto a las momias, pero temeroso de que pudiera caer sobre él algún maleficio, guardó silencio durante 17 años.

Teófilo compartió su secreto con el Ing. Fortunato Contreras, de que había descubierto como a 30 kilómetros de Yécora, el panteón que se encontraba empotrado en plena montaña sobre un camino maderero, en una parte que se conocía como “mesa de las tunas” y a la cueva como “cueva de las tunas”, cerca de un arroyo. Comentó que para llegar hasta ella, se encontraban solo algunos obstáculos suficientes para evitar la entrada de animales salvajes además de que  la cueva se encontraba sobre la montaña.

El Ing. Fortunato Contreras Soto, en esa época se encontraba haciendo trabajos de mensura de terrenos ganaderos de la región, teniendo su campamento cerca de Yécora, en un lugar conocido como “El Agua Blanca”, a unos 8 kilómetros de la población.

El Ing. Contreras le comentó a “El Imparcial”, que la cueva tenía unos 200 metros de profundidad y había que trepar con cuerdas, pues estaba perforada a mitad de la montaña, en ella encontraron  dos hileras de momias, sumando treinta en total, envueltas en petates y en el centro, en una especie de bóveda, la momia principal, sentada, con brazos y pies cruzados, vistiendo túnica azul y capa blanca con tonos rojos. Esta momia presentaba la cabellera hasta debajo de la cintura, un agujero en el costado izquierdo que seguramente le hicieron para sacarle las vísceras y hacerle alguna especie de embalsamamiento rudimentario.

De los detalles que se dieron a conocer, se dijo que en una cavidad natural de la cueva, hallaron una porción de piedras quebradas, como de dos kilos de peso, con gran contenido de oro, además de cabellos, pedazos de ropa y un cinturón que se supuso era de la momia principal, posiblemente un gran sacerdote o un personaje importante de la tribu.  

Esta momia, que pertenece a un individuo del sexo masculino, con una edad de entre 25 y 30 años, fue traída a nuestra ciudad y entregada al Director del Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora, Sr. Fernando Pesqueira. La momia presentaba grandes rasgos asiáticos, pómulos salientes, cabello negro y ojos rasgados, razón por la cual fue bautizado con el nombre de “Chale”. En las notas periodísticas del Distrito Federal, identificaban a la momia como “El hombre de Yécora” o como “La Venus de Yécora”, esto último porque aseguraban que se trataba de una mujer.

La noticia causó sensación y, desde Nueva York, la revista Time Life se comunicó con Periódicos Healy para pedir informes. El Gobierno del Estado nombró una comisión para que inspeccionara la región donde se encontraron a las momias, esta comisión iba encabezada por el Sr. Jesús Ángel Soto.

El miércoles 20 de mayo de 1959, “la momia de Yécora” fue puesta en exhibición desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche. Originalmente se pensó en cobrar un peso a los visitantes, pero las autoridades consideraron que por ser un hallazgo propiedad del pueblo, este tenía el derecho de verlo sin cobro alguno.

En la edición de “El Imparcial” del viernes 22 de mayo de 1959, se dio a conocer que siete mil personas habían ido a ver a “la momia”; todos los estratos sociales acudieron a presenciar la novedad que había causado tanto impacto en la capital Sonorense y, desde otras poblaciones, se estaban organizando paseos para visitar a Hermosillo, lo que motivó que para el miércoles 3 de junio de 1959, se habían contabilizado 18 mil visitantes al Museo a ver a  “Chale”

En 1964, llegó al Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora, una segunda momia, correspondiente a un individuo del sexo femenino, de entre 12 y 13 años y se cree que estaba embarazada al momento de su muerte. Fue encontrada en la Cueva de Cecilia, nombre con el que se identifica a esta momia.

Momia de Yécora: Chale Momiá de Yécora: Cecilia

Las dos momias encontradas en Yécora, Chale y Cecilia se conservan en
el Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora

Fuente:”El Imparcial”



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