Los tranvías de mulitas de Hemosillo
ENRIQUE CONTRERAS

De Hermosillo... Un sitio para tus recuerdos... Deja tus comentarios en el Libro de Visitas...

Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández  

Ahora trataremos de otro asunto muy diferente de los que hemos venido tratando… pasaré a decirles a ustedes algo de los tranvías de mulitas de mi tierra, que como se sabe, ya no quedan ni haracas, los puros recuerdos. El primer servicio urbano de tranvías de Hermosillo fue en los primeros años de este siglo, poquito después del barullo entre Verdes y Colorados, consistiendo este servicio en dos elegantísimos tranvías estilo pulman, jalados por caballos americanos percherones grandotes y patones, que fueron la admiración de los queliteros, más cuando estábamos impuestos a ver los caballos de poca alzada, suficientes para jalar nuestras humildes carretas, por eso, dichos animales causaron gran admiración. Los tranvías eran muy elegantes para alojar tanta vieja mitotera que subía a ellos toda clase de tilichis cuando abordaban a estos. Los tranvías tenían sus ventanillas tal o más vistosas que los pulman del ferrocarril; en “ambas puntas” del tranvía había un letrero que decía: “bajada… subida”. Estos letreros los puso la compañía para comodidad de los pasajeros, para que no se hicieran bola y se topetearan al bajar o subir; cada pasajero quería jalar con todos los trastes de la cocina y hasta con las gallinas e inclusive el perico. ¡Qué brutos éramos! por vida de Dios.

Hubo personas que vivían en lugares apartados y deseando cambiarse un poco más al centro de la ciudad, querían utilizar este medio para llevar en cada viaje lo que podían, por no pagar una carreta que cobraba como precio mínimo cuatro reales de punta a punta de la ciudad. Tan bronca así estaba nuestra paisanada en esa época.

La vía por la cual corría el tranvía era ancha y sus rieles iguales a los del ferrocarril, por lo cual trajeron a estos pegados al tren de la pura cola. Cuando estos tranvías vinieron, la vía ya estaba tendida habiendo sido necesario hacerle a la vía del ferrocarril una espuelita, para poder ensamblar “ambas dos” vías y los tranvías entraran a su propia red, y ponerlos al servicio de los queliteros, pero no sin antes haber sido “inaugurados solemnemente” por las autoridades y en presencia de todas las “fuerzas vivas” de mi tierra, asistiendo a este trascendental acto el boticario, el juez, el maestro de escuela, el policía de punto donde se llevó a cabo la inauguración y, el prefecto, que como en todos los pueblos chicos representa a la comunidad. Todos los señores antes mencionados representaban a las “fuerzas vivas”, de la ciudad. Todavía no se sabe quienes representan las “fuerzas muertas”.

Al acto asistieron aparte de las fuerzas mencionadas, muchos mirones y metiches que daban con la mano un ligero sobón de punta a punta, en señal de que eran bien recibidos. Los gatos que iban a trabajar en esos tranvías nomás les echaban agua, como diciéndoles que no estuvieran choteando la mercancía. Los primeros en trabajar en estos tranvías como conductores fueron Alberto Mayer, Enrique Zazueta y Carlos Almada, que se presentaron a su trabajo con su vistoso uniforme color azul y con un elegante kepí, pareciendo a lo lejos marinos de agua dulce… Zazueta hasta poco antes de morir, fue el conocido anunciador comercial que usaba una bocina del fonógrafo que “rió, cantó y lloró”… en la boda de Espergencio Montijo, por allá en el año del maíz amarillo. Almada y Mayer radicaron por muchos años en Nogales, Sonora, posiblemente ya se “aigan petateado”. Estos tres queliteros fueron en sus mocedades los que inauguraron la chamba de conductores de los primeros tranvías de mi tierra.

Tranvía de mulitas

Tranvías de mulitas de Hermosillo

Creo que don Jesús de Icaza o su hermano Manuel, fueron los propietarios de estos tranvías pulman, teniendo su oficina y almacén de comestibles donde hoy se encuentra el restaurante de Enrique Pradas, en la calle Serdán.

Tranvía de mulitas

Acción número 46 emitida por la Sociedad Tranvías de Hermosillo, S.A.
Año de 1899.

Al principio y por unos meses, fueron jalados por caballos percherones, los que por resultar lentos, fueron substituidos por mulas.

El recorrido que hacían estos tranvías era muy corto, pues este consistía de la Estación a Catedral, pasando por las calles Juárez y don Luis. Frente a la oficina de don Jesús estaba el switch de esta vía, después se supo que don Jesús lo puso “aí mero” porque como ya conocía a su gente, quería saber cuánto le atrincaban los conductores, y no juzgar a la ligera, diciendo que Zazueta se atrincaba más que los demás… cada parada que daba un pulman en el switch frente a la oficina, don Jesús sacaba “la maceta” y como que no quería la cosa contaba a los pasajeros que se encontraban replanados en sus asientos, tenía tanta práctica que cuando pasaba el tranvía lleno, a ojo de pájaro calculaba cuanta gente iba en el vagón. El tontito le decían…Había viejas que se apeaban en esa parada a comprar chuchulucos en los puestos que era costumbre poner bajo los árboles, naranjos agrios que había en la calle Don Luis.

Las viejas querían que los “tranvilleros” las esperaran hasta que les diera su regalada gana, diciendo que podían hacerlo porque eran de la pomada y no agachadas… adió. Muchas veces pasaron casos en que algunas personas se apeaban a comprar “chivas bravas” en ese lugar, y el “cochero” del tranvía se vio en la necesidad de proseguir su camino abandonando a las viejas. Por este motivo hubo quejas con don Jesús, obligándolo a formular una especie de reglamento, prohibiendo las bajadas a “medias” o que se apearan “diunavez… para no hacer barullo”. Que hermosura por vida de Dios. Estos tranvías dormían en la huerta de Vega, y muy tempranito salían jalados por los hermosos caballos percherones americanos, que tenían las patas del tamaño de las de los elefantes; después fueron sustituidos por mulas. Este servicio costaba cinco centavos, de punta a punta, o a intervalos que se podían bajar las viejas donde quisieran.

El servicio de tranvías estaba haciendo mucha competencia a los cocheros de carruajes, que cobraban diez centavos la dejada; había otros carruajes que cobraban dos reales por el mismo servicio, pero eran con llantas de hule. El carruaje del Bocho Noriega cobraba “asegún”, pues su carruaje no se componía de nada; ni caballos ni carruaje de lo viejo que estaban.

Tranvía de mulitas

Las vías del tranvía de mulitas, en 1902, sobre la calle Don Luis, hoy Serdán. Caminando se
observa a don Rafael Suástegui, joyero de la época; el cochero del carruaje es el Bocho Noriega

Había muchas personas medio “güidas” que los domingos se encaramaban desde por la mañana y esto era dar vueltas y vueltas y no se bajaban hasta que se hacía “nochi”, con las nalgas bien sudadas y bien molidas; por lo primero de la pedorrera que se cargaban y por lo segundo de tanto estar aplanados. Tanto así era la novedad de estos trastes…

El fin de estos elegantes tranvías fue un voraz incendio que los consumió en su dormitorio de la huerta de Vega. Por esos mismos años del incendio de los tranvías o poquito antes, fue cuando pasó el caso de los tanqueros cuando echaron muchos botes de yerba sin raíz al pozo de la Granadita para poder vender más agua, porque el mentado pozo les hacía mucha competencia. No puede uno menos que imaginarse que los condenados cocheros también hayan emulado a las tanqueros de marras y “aigan” originado el incendio de los tranvías, para que éstos no hicieran tanta competencia a sus carruajes. Tantas cosas suceden que parecen increíbles, pero que suelen suceder como quiera que me la pinten. Los tranvías pulman se acabaron con el incendio que nunca se supo como comenzó, pero el caso es que los cocheros hicieron más negocio con sus carruajes… lo mismo que los tanqueros, vendieron más agua que cuando existía el pozo de agua dulce  antes citado.

Muchos años antes de la venida de estos tranvías, había una acequia que corría a lo largo de la calle Sonora, atravesando la Juárez, por donde hoy se encuentra el Hotel Monte Carlo y la botica Victoria. Esta acequia la taparon para poner la vía del tranvía; es la misma que pasa o pasaba por donde estaban los cines Lírico y Nacional y, que no hace mucho tiempo, donde están los cines mencionados era un corralón lleno de jacales donde vivían gentes pobres, sin pagar catastro ni contribuciones a nadie.

Cine Nacional en 1938

Cine Nacional: Estaba ubicado frente al Jardín Juárez, acera norte;
enseguida estaba el Cine Lírico.

En ese entonces, esa acequia era la más retirada de la ciudad, pues se encontraba más allá del cementerio viejo (Jardín Juárez). Las carretas y los carros jalados con mulas que entraban por esa parte de la ciudad, tenían que soplar duro para poder pasarla ya que la mentada acequia era muy honda por los bordes que tenía en ambos lados. La taparon abovedándola con vigas de mezquite, que todavía hasta la fecha se encuentran dando servicio.

Jardín Juárez en Hermosillo, Sonora

Jardín Juárez, antiguo panteón de Hermosillo

Dejemos descansar a los puebleños que ya hemos hablado bastante de ello, pero en una forma comedida y atenta, tal como se lo merecen y cual debe ser… mereciendo de ellos, tal vez, nuestro tradicional “chas gracias… chó gusto..” y que Dios se lo pague “i’ñor…”

Para saber más:
Enrique Contreras.
“Cosas viejas de mi tierra”.

Fuente:”Dicen” Noviembre de 2001



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