La Ciudad de Hermosillo
Parte 1
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Autor: Francisco R. Almada Publicado el 9 de Mayo de 1949

Al finalizar el Siglo XVII, era Alcalde Mayor de la Provincia de Sonora el Capitán Isidro Ruiz de Avechucho y ejercía el mando de la Compañía Volante de Sonora, situada en el Presidio de Fronteras, el General Domingo Jironza Petris de Cruzat, quien a la vez era Teniente del Gobernador y Capitán General de la Nueva Vizcaya, Coronel Juan Bautista de Larrea y La Puente.

Algunas partidas de indios de las tribus tepocas, seris y pimas bajos se habían alejado de las misiones de la Compañía de Jesús o de sus respectivas rancherías y cometían diversas fechorías en los bienes del campo de las mismas misiones y de los españoles. Con este motivo el General Jironza comisionó al Alferez de la Compañía a sus órdenes, Juan Bautista de Escalante, para que recorriera las zonas habitadas por las mencionadas tribus y asentara a los individuos dispersos en pueblos sujetos a los misioneros y ejecutara el reconocimiento de la Bahía inmediata a la tribu de los guaymas.

En cumplimiento de esta comisión, Escalante salió de Fronteras, al frente de una escuadra de soldados en los primeros meses de 1700 y fundó en primer lugar el pueblo de Santa María Magdalena, en donde hizo el recuento de indios y el repartimiento de tierras a los mismos, el día 26 de abril. Avanzó rumbo al Sur y fundó los pueblos de Nuestra Señora del Pópulo y Nuestra Señora de los Angeles y la Santísima Trinidad del Pitic; esta última con indios pertenecientes a los pimas bajos. A continuación reconoció la Bahía de Guaymas y regresó al punto de partida en diciembre del mismo año. Este fue el origen de la actual Ciudad de Hermosillo.

En 1706, el General Antonio Becerra Nieto, Capitán vitalicio del Presidente Janos, fue comisionado por el Gobernador y Capitán General de la Nueva Vizcaya, Coronel Juan Fernández de Córdova para practicar una visita a la Provincia de Sonora. Durante su recorrido encontró casi despobladas los pueblos de Magdalena, El Pópulo, Los Angeles y El Pitic; en virtud de que desde dos años atrás se habían presentado dificultades internas entre los indios seris y tepocas, con los pimas bajos, y como resultado se había alejando de sus fundaciones. Becerra Nieto, los obligó a reconciliarse y repobló los cuatro puntos citados, haciendo que renaciera entre ellos la calma y la tranquilidad.

Diez años después el Capitán Gregorio Álvarez Muñón Quiroz, que obtenía el mando de las armas y la Alcaldía Mayor de la Provincia de Sonora, dictó una orden para que los indios asentados en los pueblos fundados por Escalante se ocuparan de sembrar las tierras para que subsistieran de por sí, en virtud de que vivían de la caza, de la pesca y de frutas silvestres, así como del abigeato, pues constantemente robaban vacada y caballada en los ranchos y haciendas. Para que se dieran cumplimiento a su determinación, el citado Capitán mandó una escuadra de soldados a la región y los indios se ocuparon de preparar sus sementeras; pero en cuanto la fuerza armada se alejó para volver a su base, los naturales dejaron perder las milpas, volvieron a la vida de holgazanería en que habían vivido antes y los vecinos de la provincia principiaron a resentir nuevamente robos en el campo.

Por segunda vez visitó Sonora en 1718, el General Becerra Nieto, atendiendo órdenes del Gobernador D. Manuel de San Juan y Santa Cruz. Durante ella repobló el pueblo de la Santísima Trinidad del Pitic, cuyos moradores se habían alejado en su mayoría, y fundó otro bajo la advocación de San Francisco Javier de Tucubabi, en donde reconcentró diversas familias pimas que se habían ausentado de sus lugares de residencia sin permiso de los misioneros.

Para corregir estas fugas constantes de los indios, Becerra Nieto propuso al Gobierno y éste aprobó que anualmente recorrieran la provincia dos escuadras de soldados españoles. Una procedente del Presidio de Sinaloa y la otra del de Fronteras, que debería entrar por el Real de Guadalupe, seguir en dirección a la zona habitada por los seris y terminar el recorrido en los pueblos de San Miguel. A la vez solicitó que se enviaran cuatro misioneros más a fin de evangelizar a los naturales de las rancherías de Caborca, Tubutama, Cocóspera y San Javier.

Así mantuvieron las cosas hasta el 29 de septiembre de 1725 con que los seris asentados en la Misión del Pópulo se salieron armados y pegaron al Pueblo de Opodepe, asesinando a D. Salvador de la Huerta, su esposa y varios hijos y otros vecinos, habiendo ascendido a 22 víctimas. El Alcalde Mayor de Sonora, Miguel Álvarez de Lavandera, organizó una sección de vecinos armados y salió personalmente a castigar a los agresores. Durante las operaciones enfermó de gravedad en el Pueblo del Pópulo, no pudo seguir adelante y resignó el mando en el mando en el Capitán Cristóbal de León, Este llevó sus armas hasta la región habitada por los seris, fue obligado a retirarse y tomó cuarteles en la Hacienda de El Pitic.

Afortunadamente los seris pidieron la paz, el Alcalde Mayor convocó a una junta de guerra a sus oficiales y principales vecinos de la región, que se verificó en la misma Hacienda, en la que se acordó de conformidad, a condición de que volvieran a establecerse a sus pueblos y entregaran a los jefecillos para castigarlos. El 22 de enero de 1726 se presentaron en El Pitic, los caciques Ambrosio y Bernardo con 60 gandules y 100 personas de familia, que fueron asentados en Pópulo y en los puntos denominados Lares y Moraga.

No he podido localizar los documentos relativos a la transición del pueblo del Pitic en Hacienda y si esto se ejecutó por el abandono que de el hicieron los indios o si fueron despojados de sus tierras. El caso es que fue a parar como propiedad de Don Agustín de Vildósola, quien introdujo allí el cultivo de la vid y en 1728 obtuvo despacho de Sargento Mayor de Milicias, expedido por el Virrey Marqués de Casafuerte.

Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández.
Fuente: El Imparcial.



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