La Ciudad de Hermosillo
Parte 2
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Autor: Francisco R. Almada Publicado el 10 de Mayo de 1949

Entre los años de 1726 y 1728, el Brigadier Pedro de Rivera, ejecutó una visita a las provincias septentrionales de Nueva España por instrucciones del mencionado Virrey. En la página 158 del informe que vertió Rivera sobre el particular, expresa: "...y aunque en la mencionada consulta digo que el paraje del Pitic, a donde había de suplantar dicho Presidio (el de Sinaloa) sólo dista del mar 20 leguas, siendo cierta la distancia que en él pongo, no lo es en lo que lo aparta del mar y es la razón porque la costa del citado Pitic no es el mar como suena, sino el estrecho de California y como varias veces de las en que los piratas se han acercado a la Costa no han pasado del Cabo San Lucas por no empeñarse en el citado estrecho, insultando sólo las poblaciones costaneras ya para robarlas, ya para bastimentarse, son en aquel paraje las armas de aquel Presidio (Sinaloa), muy necesarias para que en ellas se oponga el Gobernador a los enemigos, razón también porque debe dicho Presidio mantenerse en la Villa de Sinaloa, que es en donde existe".

Como resultado de esta visita y del correspondiente informe del Brigadier Rivera, el Virrey Marqués de Casafuerte expidió con fecha 22 de mayo de 1729, un Reglamento de Presidios militares cuyo artículo 168 prevenía lo siguiente:

"El comandante del Presidio de Sinaloa, todos los años a principios de diciembre, destacará de su Presidio 15 soldados a cargo de su Teniente, para que salgan de éste visitando los pueblos de Tecoripa y de los yaquis y avistando el Cerro Prieto y el Paraje del Pitic, adquieren noticias del Estado en que se hallan los indios, particularmente los seris, tepocas y pimas bajos, que como inquietadores de la paz mantendrán en atención a su cuidado, procurando mantenerse en ella".

La situación de rebeldía en que vivían los seris hizo pensar seriamente a las autoridades españolas en la resolución de este problema, pues a la vez tenían que afrontar el de los apaches en la frontera septentrional. Varias medidas se propusieron para resolverlo y en carta de 18 de enero de 1741, el Padre Javier José Molina, decía al Sargento Mayor Agustín de Vildósola: "...Conviene se dividiese ese dilatadísimo e inmanejable Gobierno, aunque fuese dividiendo el sueldo entre los dos Gobernadores para evitar el gasto a la Real Hacienda, quedando el de Sinaloa con las Provincias del Rosario hasta la de los Alamos, comúnmente llamada Los Frailes, y el de Sonora con cien plazas desde allí, hasta lo último conquistado. Resultaría a mi corto entender de esta división y plazas en Sonora, que viviendo el Gobernador en el Pitic o en San José de Pimas, cubría con gran facilidad a la nación yaqui de cualquiera sublevación que intentara y a la nación guayma, nunca sujeta, son vagabunda ni doctrinada; la nación seri que ya años pasados se alzó y no ha habido forma de reducirla a pueblos y doctrinas, quedando bajo las armas, del mismo modo la pimería alta cuya parte se alzó años y que frecuentemente amenazan alzamientos, los que podían con la vecindad de los apaches ser la total ruina de Sonora..."

Vildósola, acababa de ser nombrado Gobernador y Capitán General de las provincias de Sonora y Sinaloa, cuando recibió la carta del Padre Molina, al mismo tiempo que se había autorizado la fundación de un nuevo Presidio en el centro de la provincia de Sonora, para contener a las tribus alzadas. El Gobernador aprovechó lo que convino a sus intereses de las opiniones del Religioso y estableció el Presidio en su propia Hacienda, en cuya forma quedaba perfectamente garantizado, y fijó allí también la residencia del Gobierno con grave perjuicio de los intereses públicos.

Recopilación: José Rafael Aguirre Fernández.
Fuente: El Imparcial.



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