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“En honor a las hermanas Mirabal”
No son los garrotes
Que lastiman mi cuerpo
Lo que duele;
Es la impunidad
La avaricia
Esa desmedida y enfermiza
Búsqueda de poder
Lo que hace que mis lágrimas
Estén quemando mi rostro.
Esa impotencia
Por tanto gobernante
Insaciable
Que ultraja
Sin importar la edad;
Lo mismo arrebata
La inocencia
A un tierno cuerpo
De una niña
Que no piensa, aún,
En ser mujer
También lo hace
Con una jovencita
Llena de virtudes y de sueños
Sueños que desaparecen
Con las estocadas crueles
De impunes violaciones.
Es hambre de poder
De crueldad y caciquismo.
No mira los años
Mucho menos
Esa mirada implorante
Que pide clemencia
De ancianas, que los años,
Su cuerpo han doblegado
También a ellas
Sin misericordia
Atropellan y mancillan.
¡Soy mujer!
Y llevo en mis entrañas
Un espacio
Lleno de esperanza y sensibilidad
Que no habrá nunca nadie
De mancillar,
Así violen y violen
Mi cuerpo;
Porque es lugar sagrado
Donde nunca las manchas llegarán.
En lucha estaré
Año tras años
Y cada garrotazo
Que mi cuerpo recibió
Será un grito de lucha
Para que las mujeres
¡Sean libres!
Y tengan el derecho de opinar.
Hermosillo, Sonora 24 de noviembre de 2008
Carlos M. Valenzuela Quintanar
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