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Que no los cubra la negrura
ahora que no estaré más
abrazado a sus cuerpos,
se que eternamente
con mi voz y mi guitarra, los arrullaré,
como las olas lo hacen con la playa
cerca del mar.
Que divino es el amor
y en su momento
Dios me lo ha dicho;
y en verdad fue tan divino
que tres regalos me otorgó:
A mi familia, tan amada
La música y el canto, mis pasiones
Y un maravilloso público
que me siguió hasta el final.
Fue mi vida
tan preciosa como una gema,
y como paloma que vuela
también por el mundo viajé,
enamorando con mi voz
y arrullando con mi guitarra.
La guitarra que le tocó
al amor en tinieblas
de aquella novia pobre y
de hermosos ojos café
a quién dulcemente enamoró.
Sin embargo, como un duende,
no quisiera yo vagar ahora,
¡Perdóname Dios mío!
Si en esta vida le fallé
a un amigo.
Por si mis ojos me denuncian
perdona Dios
mis desvelos de amor,
por un amor perdido
que al igual que una hoja seca
el viento lejos arrastró.
Hoy me llevo conmigo
en esta despedida,
como un retrato de amor
lo mejor, nuestra verdad,
la suavidad de tu ser
tu alma, tu alma de cristal.
Por fin, mundo
ha otra dimensión he partido,
dejando en sus corazones
ternura, pasión y amor
en cada canción
que arrulle sus vidas;
sus vidas
cuando escuchen al Trío Los Dandys.
Hermosillo, Son. 18 de julio de 2008
Carlos M. Valenzuela Quintanar
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