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La lluvia tenaz, impertinente,
caía sin cesar sobre el poblado.
Sin la luz del sol el paisaje es triste
pero más mi ser… por no estar a tu lado.
Y cada gota de lluvia que caía,
con ruidoso son la tierra remojaba,
los finos hilos de agua escurrían,
¡Veía en ellos tu imagen reflejada!
El viento recio, con gracia salpicaba
las paredes y ventana sin clemencia,
al impactarse las gotas pregonaban,
tu dulce nombre con rítmica frecuencia.
¡Oh! lluvia poderosa e imponente,
tiendes tus mantos por montes y valles
el bien y el mal lo realizas inconsciente
es tu misión de naturales leyes.
Por esta vez de mi amor me has separado,
con gran barrera blanca enneblinada,
el arco iris y el sol mis dos aliados…
¡Me escoltarán mañana hasta mi amada!
Gustavo Adolfo Figueroa.
1973
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