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Cuando al fin dormido el sentimiento
descansaba plácido y sereno
como lo hace aquel niño bueno
que tienes limpio y puro el pensamiento.
Cuando ya el corazón latía
a un rítmo candencioso y suave
como el vuelo silencioso de una ave
que en el aire solo se mecía.
Cuando el alma olvidó su pena
y gozaba de las cosas bellas
que dejaba atrás todas aquellas
que un día fueron su condena.
Sucedió lo que menos esperaba
el sentimiento despertó sobresaltado,
como si un grito lo hubiera despertado,
algo de pronto sin pensar lo asustaba.
Y el corazón a un rítmo acelerado
comenzó su latir sin tener freno
y aquel latir que era antes sereno
se parecía a un caballo desbocado.
Y aquella paz beatífica del alma
se perdió de pronto en la nada
como si una vara mágica encantada
le quitara de golpe toda calma.
Porque fue suficiente un momento
para que el alma perdiera la razón,
volví a verte y este loco corazón
despertó a aquel dormido sentimiento.
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