Atados con una cinta rosada
recogió sus rubios cabellos,
Ella no sabía sería la última vez
se vería frente al espejo.
Con mano trémula,
dejó caer cuidadosamente,
el espejo que momentos antes
reflejara su rostro.
El cansancio dejola exhausta
su piel pálida como un cirio,
de pronto una furtiva lágrima
de sus bellos ojos rodó.
La muerte en ese momento
la vida le arrebataba,
el espejo quedo muy triste
ya no vería más su dulce mirada.
Pasado el tiempo unas manos blancas
parecidas a las que antes le tocaran,
volvieron abrir el cajón
dónde se encontraba el desolado espejo.
Ella tomándolo entre sus manos
lo acarició con suave ternura
lo llevó a su pecho de pronto
el espejo recordó aquellas manos.
Sintió eran las mismas que tiempo atrás
igual lo acariciaran,
era como si fuera el mismo rostro
que en su ama reencarnara.
Pina Phillips Lujan
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